Vengo de años construyendo tecnología, negocios, sistemas y equipos. Y en ese recorrido aprendí algo incómodo: una empresa puede tener buenas personas, buena tecnología y buenas intenciones, y aun así operar mal.
Porque muchas veces, el problema no es lo que falta. Es lo que nadie está dispuesto a cuestionar: decisiones que se repiten, procesos que sobreviven por costumbre, trabajo que nadie sabe por qué existe y tecnología usada para sostener todo eso un poco más.
Ahí es donde terminé cruzando tecnología, consultoría y coaching. No como tres oficios distintos, sino como una misma forma de intervenir: hacer mejores preguntas, incomodar cuando hace falta y separar el síntoma del problema, antes de salir corriendo a buscar una solución.
Hoy todo eso vive en AVANTIX.
