FOUNDER

Emiliano Nicolás Della Maggiora

No llegué hasta acá en línea recta. Los problemas importantes rara vez respetan nuestras especialidades. Convergen, se cruzan, se contradicen. Ahí es donde trabajo.

La tecnología me enseñó a construir sistemas. Los negocios me mostraron que esos sistemas tienen consecuencias. Emprender me enseñó que decidir también es renunciar. El coaching me enseñó a escuchar lo que los sistemas no muestran. Y la experiencia me enseñó que se puede tener razón técnicamente y estar completamente equivocado sobre el problema.

Propósito

El propósito no es una frase en la pared.

  • Aparece cuando la motivación no alcanza.
  • Cuando hay incertidumbre.
  • Cuando una decisión tiene costo.
  • Cuando tenemos que elegir qué sostener y qué dejar atrás.

Para mí, el propósito es eso: una razón suficientemente fuerte para seguir cuando las cosas se ponen difíciles. Y también un criterio para saber cuándo es momento de apagar aquello que funcionó durante años, pero ya no nos representa.

También implica aceptar que hay cosas que todavía no sabemos nombrar, pero que merecen que no las esquivemos.

Porque funcionar no siempre significa estar bien. Hay empresas que facturan, cumplen, crecen. Tienen sistemas, dashboards, procesos. Y, sin embargo, algo no cierra.

La gente aprende a trabajar alrededor de la fricción. Las excepciones se vuelven normales. Las decisiones dejan de cuestionarse porque siempre fueron así. Con las personas pasa algo parecido. Podemos volvernos extraordinariamente eficientes haciendo una vida que ya no queremos.

Estar ocupado no significa estar presente. Y funcionar puede convertirse en una excelente manera de evitar cambiar.

Por eso cada vez me interesan más las tensiones que las respuestas perfectas. No creo que haya que elegir siempre un lado. Muchas veces el trabajo está exactamente ahí: entender qué tensión estamos sosteniendo y decidir qué merece cambiar.

Tecnología Personas
Ambición Propósito
Método Realidad
Sistema Conversación
Construir Cuestionar
Éxito Sentido

¿Qué merece mi energía hoy?

Hoy intento concentrar mi energía en pocas cosas.

  • Construir cosas que tengan sentido. No todo lo que se puede construir merece existir.
  • Decir la verdad, incluso cuando incomoda. La verdad tiene un costo. Callarla también.
  • Poner la tecnología al servicio de las personas. Porque una máquina puede ejecutar perfectamente una mala decisión.
  • Construir relaciones reales. Sin eso, buena parte del resto termina siendo actuación bien vestida.
  • Hacerme responsable. Poder decir: esto también depende de mí.

Y tratar de no perder de vista el propósito. No como slogan.

Como criterio para decidir qué sí, qué no y qué ya no. Y también como permiso para cambiar de opinión cuando aquello que alguna vez tuvo sentido deja de tenerlo.

AVANTIX

Y todo eso también tiene una forma concreta.

Estas ideas también aparecen en cómo trabajamos:

  • Entender antes de intervenir.
  • Cuestionar supuestos.
  • No empezar por la herramienta.
  • No automatizar procesos rotos.
  • No vender tecnología sólo porque podemos construirla.
  • Trabajar sobre personas, procesos y sistemas.
  • Transferir capacidad.
  • Construir autonomía.

A veces, la mejor solución que podemos ofrecer es decirte que no necesitás nuestra solución.

Eso también es AVANTIX.

No se trata de hacer más.

Se trata de entender qué estás intentando construir, qué problema querés resolver, qué estás dispuesto a defender y qué ya no querés seguir sosteniendo.

A veces eso termina en tecnología o en una transformación. A veces, en una conversación que habilita una decisión. Y a veces, simplemente, en darte cuenta de que la solución que estabas buscando no era la que necesitabas.

No hace falta tener todo definido. Hace falta encontrar algo lo suficientemente importante como para dejar de esquivarlo.